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¿Hay erotismo en el hombre?

Todos conocemos bien los impulsos sexuales, pero hay formas muy diferentes de disfrutarlos” Helen Fischer, antropóloga.

Los símbolos se encuentran por todas partes, incluso habitan en la mente de las gentes. No hay dominio de la cultura que no se impregne de ellos. Tienen la habilidad de difundirse de un campo cultural a otro. El objeto de este ensayo es precisamente explorar estas características, esa diversidad de acción. Apoyándome en el libro de Jonh Blacking How Musical is Man?, me adentraré en el mundo de los símbolos para acompañarlos desde el dominio de la música hacia el del erotismo.

A principios de los años setenta, Jonh Blacking fue invitado por la Universidad de Washington a pronunciar una serie de conferencias sobre la música centradas especialmente en su labor de investigador durante dos décadas.

Una de sus pretensiones era transformar algunas de las ideas más comunes que se tienen sobre la música y cuestionar una serie de aspectos fundamentales de la práctica musical y la comprensión que nuestra sociedad tiene de ellos. Sus conclusiones se plasmaron en el libro (1973) que pretendo deconstruir para aplicar sus ideas a otro dominio de la cultura humana, el erotismo.

Blacking apoya su pensamiento sobre la actividad musical en una doble concepción, una biológica y la otra social. La primera se apoya en las nociones innatistas de la lingüística generativa o chomskiana. Una cierta base comportamental de carácter musical. La segunda defiende la influencia del contexto social, de la cultura. Blacking, agarrándose al clavo del relativismo cultural, no comprende que la música sea separada del resto de la cultura que la produce.

Uno de los conceptos a analizar, apoyándonos en estos dos pilares, es la relación entre una sociedad y las formas que toma su erotismo.

¿Sería la división social del trabajo la causa de nuestra complejidad en materia de erotismo como afirma Blacking en relación a la música? ¿Es el hombre occidental el culmen de la evolución en sofisticación erótica? ¿Son simples realmente las formas de entender el erotismo entre “los salvajes”? ¿Cómo influye la sociedad sobre los individuos en el terreno erótico? ¿Cómo se in-corpora?

El aspecto biológico

Que el sexo es parte de nuestra naturaleza y nos viene de “fábrica”, creo que está fuera de toda duda. En la película “Blue Lagoon”1, los dos jóvenes protagonistas se encuentran en una isla tropical separados del mundo. Debido a su edad, no habían conocido anteriormente en sociedad el sexo y se nos muestra como ellos por si mismos van descubriéndolo poco a poco.

Otra historia para pensar, es la de David Reimer2, un niño que fue sometido a un cambio de sexo en su infancia sin llegar a saberlo hasta su adolescencia. Sus padres intentaron darle una educación de chica toda su vida, pero ante los graves desórdenes mentales que le estaba provocando, decidieron contárselo.

El psicólogo Jonh Money, famoso por sus teorías que apoyaban la idea de que el género no era innato como el sexo biológico, convencieron a los padres de David para la realización del experimento.

Finalmente, el doctor Milton Diamond, destapó la historia declarando: «Si todos estos esfuerzos médicos, quirúrgicos y sociales combinados no tuvieron éxito en hacer que este niño aceptara una identidad de género femenina, entonces, tal vez, tengamos que pensar que hay algo importante en la constitución biológica del individuo».

No pretendo entrar con esta historia en el debate de si la homosexualidad es innata o aprendida, no es la intención de este ensayo.

En la historia anterior, percibimos la lucha entre biología y cultura, entre sexo y género, pero el erotismo, entendido como una mezcla de insinuación, sensualidad y libido parece más cosa de dos o más individuos. Se comprueba que entre los animales, existen galanteos, caricias, pequeños mordiscos y complejos rituales que tienen la misma función que el erotismo humano, la preparación de la cópula. Por otro lado, la forma que toma el erotismo en la pornografía parece que descuelga los primeros términos (insinuación, sensualidad, galanteo…) y se centra más en la libido.

El aspecto social

En su aspecto social, Blacking explora el elitismo que existe en Occidente sobre la música “culta”, en contra de la música “exótica” de otros pueblos. Otro dominio más que sufre las ideas evolucionistas y de progreso.

¿Sería el erotismo “exótico” inferior o incluso primitivo? Trasladar la supuesta superioridad occidental al terreno del erotismo, parecería una broma. Defender la supremacía de Occidente en este dominio hace agua con un simple vistazo a otras sociedades. Si miramos a otras culturas, podemos apreciar la sofisticación que toma el erotismo.

Desde siglos, el kama-sutra ha sido un complejo tratado hindú sobre el amor y el sexo donde se tratan temas como el comportamiento en pareja, la seducción o el acto sexual. Se podría tachar de exótico pero dudo que se pueda decir que es arcaico.

Incluso, los llamados pueblos primitivos no adolecen de sofisticación. Los Muria es una tribu de Madhya Pradesh, en la India. El antropólogo Verrier Elvin (1947) estudió el sistema ghotul. A partir de la edad de 10-12 años (algunos sugieren que incluso con 6 años), los chicos son iniciados por otros chicos y chicas mayores en la sexualidad.

La emergencia del cuerpo como tema en las sociedades modernas ha sido estudiada por el profesor Honorio Velasco (2007). Una de las hipótesis de esta emergencia nos habla de una laguna en la teoría social que debería ser rellenada. El cuerpo ha irrumpido como un nuevo paradigma, la in-corporación. El cuerpo es reconocido como categoría unificadora de lo cultural, lo social, lo psicológico y lo biológico. Una vez apropiado socialmente se convierte en identidad social y sujeto cultural.

Por otro lado, Símbolos Naturales (1970/1988), de Mary Douglas nos enseña como la sociedad constriñe y modela el cuerpo. Este análisis sugiere que el aumento de la presión social, se traduce en una mayor distancia entre el cuerpo físico y el cuerpo social, en una descorporeización. Refinamiento en el comer, limpieza corporal, contención de ruidos corporales, inexpresividad emocional…

Llevando este análisis al terreno sexual, podemos apreciar como las religiones del libro nos enseñan como hay que comportarse en el terreno sexual. Qué es lo está permitido y que no. En Génesis 38.1-10 se puede leer: “…Y Er, el primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y le quitó Jehová la vida. Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano. Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le quitó la vida.

Rompiendo estas constricciones del “cuerpo político”. En nuestra sociedad, el erotismo se ha objetivado en forma de películas, revistas, relatos e instrumentos. Esta versión del erotismo, la llamada pornografía moderna, toma algunas veces un cariz rebelde. Una especie de protesta del cuerpo individual contra el social, el “yo” contra el “mi” de G.H. Mead (1934/1962). En esta rebelión corporal, se transgreden muchas prohibiciones sociales. Provocadores actos de “mal gusto” que provocan repulsión. Los fluidos y desechos corporales se desparraman y se untan, se penetran orificios prohibidos, los cuerpos se mortifican, se castigan, se humillan. Otras veces, en vez de repelerse violentamente, se atraen exageradamente, se convierten en fetiches, se idolatran, se besan, se lamen. Otras transgresiones juegan con la categoría “naturaleza”, se cambian los roles entre sexos o se comparte con animales. Todo parece que apunta hacia una carrera frenética para activar nuevas formas de unión entre cerebro y fibras nerviosas y así conseguir orgasmos más místicos a base de romper tabúes. Curiosamente, en muchas culturas (también en la nuestra), la religión también ha utilizado la privación del sexo para mortificar el cuerpo, para castigarlo. Los renunciadores al sexo eran renunciadores al mundo. Una forma de como la religión se in-corpora para conseguir la purificación del espíritu. Parece que las mortificaciones dentro del juego erótico evocan a esta última versión.

Este acto de rebeldía puede ser grupal, compartido por muchos individuos, en forma de orgías. Más que sociedad, estos grupos, formarían una communitas, un grupo de individuos en rebeldía, que se unen en un estado liminal, separados del resto del mundo y de ellos mismos como “personas”.

El erotismo puede tender a distanciar a los individuos, es parte del juego. Amantes de una noche que no se verán jamás, se unen para desfogar sus cuerpos sin comprometerse a más. Recuerda a la reacción conservadora a la ilustración que definía la sociedad como la mera unión de muchos individuos, lejos de la idea durkheimiana de sociedad.

Es difícil saber donde termina el erotismo y comienza la pornografía. Hace unos años, en el cine lo tenían claro, el primero era una “S” y el segundo una “X”. El erotismo parece que conduce al amor sensual, mientras que la pornografía a la provocación y al escándalo, a lo obsceno. El erotismo equivale a paciencia, recato, ternura…Tiene una base de comportamiento social. En cambio la pornografía es audaz, rebelde, pretende romper moldes. El cuerpo político impone su ley. Depende de la fortaleza de los símbolos que unen al cuerpo social, los individuos se verán arrastrados o no por el cuerpo individual para romper esta barrera del asco, de la repulsión.

Otro aspecto interesante del erotismo es el tomar una parte por el todo. En La rama dorada. Frazer (1890), destaca intuiciones elementales como la explotación de la relación pars pro toto (tomar la parte por el todo) que se produce en muchos rituales, en ellos las gentes operan con fragmentos con la esperanza de abarcar la totalidad en la que se integran. Aunque a veces la totalidad sea tan sólo una recreación o si se quiere una ficción, los fragmentos son reales y por lo mismo, la representación es fuerte (Velasco, H. 2007).

Es común en el erotismo que se resalte una parte del cuerpo y se oscurezcan las demás. Representan la totalidad corporal en el ritual sexual. Atraen por alguna de sus características; su tamaño (grande o pequeño), su rasurado, su elasticidad, su tatuaje. Algunos veces son idolatrados y otras castigados.

El aspecto individual

En el libro de Blacking, el autor nos alecciona sobre la creatividad. Cree que es una función de la personalidad y que requiere de individuos con amplitud de miras, con mentes abiertas y bajas en etnocentrismo. Aún así, aunque aparezca como resultado de un esfuerzo individual, de hecho es el resultado de un esfuerzo colectivo que se expresa en el comportamiento de los individuos. La creatividad, según Blacking está también incorporada. La creatividad cultural es la conciencia que surge de la cooperación social y la interacción amorosa. Esta afirmación parece la superación de la antinomia individuo-sociedad que Bourdieu denominó como Habitus (1972,1980).

Las relaciones sexuales requieren también de una dosis de creatividad. George Herbert Mead (1934/1962:175) diferenciaba entre el “yo” individual y el “mi” social. El “yo” es el aspecto incalculable, imprevisible y creativo de una persona.

La sociedad occidental se precia de un gran número de innovaciones en el terreno sexual, muchas provenientes de hibridación con otras culturas y otras de producción propia. En el negocio del sexo, existen también creativos, personas que trabajan para la industria. Inventan nuevos productos para deleitar a sus clientes a base de orgasmos. Instrumentos, máquinas, software, películas, juguetes…Una gran cantidad de fetiches a los que adorar.

Diferencias culturales

Para Blacking, las diferencias musicales entre sociedades no hay que buscarlas en la música, sino en la sociedad misma. Así se expresaba en referencia a la música inglesa en antítesis con la del pueblo africano de los Venda: “Si la música inglesa parece más compleja que la venda y es practicada por un porcentaje menor de personas, ello se debe a la división social del trabajo, no a que los ingleses estén menos dotados para la música o a que su música sea cognitivamente más compleja. Los individuos de diferentes culturas no han de aprender ni más ni menos cosas y, en el contexto de cada cultura, estas no son básicamente ni más ni menos difíciles.”

Las costumbres eróticas de una sociedad pueden encuadrase en las obras y prácticas generadas por el mismo Habitus, crean el estilo de vida de un grupo o clase social. El Habitus es producto de unas regularidades objetivas que generan conductas razonables.

Las relaciones sexuales también están in-corporadas. Podríamos clasificarlas como técnicas corporales y como tales son “actos tradicionales eficaces”. Requieren de un aprendizaje, un adiestramiento social con una dosis de moralidad.

Entre los Sambia estudiados por Herdt (1982), se desarrolla un ritual de iniciación de carácter homosexual donde los hombres adultos inician a los más jóvenes por medio de un sistema de fantasías referente a las flautas y a sus sonidos, algunos de sus componentes son explícitamente eróticos. La ingesta de semen por parte de los novicios es parte crucial de este ritual.

La localidad leridana de Isil, España, ha preservado una antigua fiesta de iniciación sexual: las Fallas de Isil. La tarde previa al solsticio de verano, los jóvenes solteros suben a las cimas circundantes mas elevadas a buscar el fuego solar, al anochecer bajan cargando troncos prendidos a la espalda. En el pueblo les esperan las chicas solteras, “cada una escoge a un chico, al que le da un ramito de plantas afrodisíacas y abortivas. Después, pasan la noche juntos” (Soutif, Dray y Dibie,1999: 32).

Entendimiento transcultural

Blacking creía que después de leer su libro, sus lectores podrían llegar a la conclusión de que el entendimiento transcultural en el terreno musical sería imposible. Lejos de este razonamiento, Blacking pensaba que hay posibilidad de una teoría universal de comportamiento musical y bases para el entendimiento transcultural. La música puede trascender el tiempo y la cultura.

En un estudio3 transcultural realizado por G. J. Broude y S. J. Greene sobre 186 sociedades y referente a 20 prácticas y actitudes sexuales, se desvela que el 37,8% de ellas considera el sexo y la actividad sexual como algo absolutamente natural y normal. Para un 10,8%, sin embargo, existen ciertas limitaciones que dependen del grupo de personas del que se trate. Un 18,9% de los sujetos investigados ve en la práctica del sexo algo absolutamente arriesgado, y un 27% lo llega a considerar peligroso si no se adapta a las condiciones establecidas (tiempo, lugar, técnicas, etcétera). El 5,4 por ciento restante justifica su actividad sexual con algún tipo de compensación, como, por ejemplo las purificaciones rituales.

La gran variedad de costumbres sexuales existentes, podrían indicar las serias dificultades de entendimiento en un terreno tan influido por otros dominios como son la religión, el ritual, el simbolismo o el parentesco y podría llegarse a pensar que no todo el monte de Venus es “orgasmo”. Si nos remitimos a la frase de Helen Fischer que aparece arriba en este ensayo, habrá que hacer una especie de declaración universal sobre el erotismo y la sexualidad para superar estas dificultades, aunque lo único que nos vincule sea “una postura misionera”.

Bibliografía

Blacking, J. (1973), How Musical is Man? Seattle. University of Washington Press.

Bourdieu, P. (1972), Esquisse d’un théorie de la practique. Paris. Droz.

Douglas, M. (1970/1988), Símbolos naturales. Exploraciones en cosmología. Madrid. Alianza Editorial.

Frazer, J. (1980), La Rama Dorada. México, Fondo de Cultura Económica, 1944.

Herdt, G.H. (1982), Fetish and Fantasy in Sambia Initiation. Berkely, Herdt, G.H. (Ed.)

Mead, H. M. (1934/1972). Mind, Self, and Society. Chicago. University of Chicago Press.

Soutif, M., Dray N. y Dibie P., “Ritos amorosos en las culturas del mundo”, aparecido en la revista “GEO, una nueva visión del mundo” nª 145 de Feb. 1999.

Velasco, H. (2007), Cuerpo y espacio. Símbolos y metáforas, representación y expresividad en las culturas. Madrid. Editorial universitaria Ramón Areces.

Verrier, E. (1947). The Muria and Their Ghotul. Bombay, Oxford University Press.

1 IMDB. “El lago azul”. Consultado el 02 de abril, 2016, http://www.imdb.com/title/tt0080453/

2

 Wikipedia. “David Reimer”. Consultado el 02 de abril, 2016, https://es.wikipedia.org/wiki/David_Reimer

3 JSTOR. “Cross-Cultural Codes on Twenty Sexual Attitudes and Practices”. Consultado el 02 de abril, 2016, http://www.jstor.org/stable/3773308?seq=1#page_scan_tab_contents